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Una estocada a los metarrelatos imperiales PDF Imprimir E-mail
Escrito por Administrator   
Sábado, 20 de Febrero de 2010 05:33
 
Palabras de José Antonio Baujin, decano de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana, pronunciadas en la presentación del libro Con sueños se escribe la vida, de Salvador Sánchez Cerén, el pasado 17 de febrero, en el Aula Magna de la Universidad de La Habana.
 
por José Antonio Baujin

Querido vicepresidente y ministro de Educación de la hermana República de El Salvador, Salvador Sánchez Cerén; compañeros de la presidencia; compañeros del Consejo Universitario; profesores; estudiantes; invitados:

Con sueños se escribe la vida. Autobiografía de un revolucionario salvadoreño, es texto esencial dentro de la fiesta del pensamiento liberador que sitúa a La Habana, por estos días de su decimonovena Feria del Libro, como la capital internacional de las letras. La voluntad de su autor, Salvador Sánchez Cerén y de la Editorial José Martí del Instituto Cubano del Libro, hacen posible este regalo para el pueblo cubano.

Procedente del Pulgarcito gigante de las naciones latinoamericanas, como lo llamó Roque Dalton, con el espíritu del David vencedor frente a Goliat —alusión bíblica que nuestro José Martí convirtió en axioma-pórtico de todo programa delnuestroamericanismo—, Sánchez Cerén va, en medio de «la recta vía», haciendo el recuento de más de sesenta años de vida personal y del hermano pueblo de El Salvador.

Hombre nacido en el corazón humilde de su tierra, en Quezaltepeque, un pueblo cuyo nombre de ascendencia náhuatl («montaña o cerro de quetzales») lanza una llamada permanente de autoctonía americana, se hizo maestro, y con ello selló una vocación de servicio a sus hermanos salvadoreños, de la que da sobrada cuenta el relato que ahora nos entrega. Si su acción vital consolidó su empeño magisterial, la forma en que comunica su experiencia es expresión del maestro que informa y educa, del que con total claridad y, sin descuidos en el uso de la lengua —rica, elegante, metafórica a veces—, se enfrenta a los más complejos análisis.

De sindicalista a dirigente político, de miembro temprano de la fundacional organización político militar de la reciente historia revolucionaria de El Salvador, las Fuerzas Populares de Liberación Farabundo Martí (FPL), en las que llega a primer comandante, a su participación en la Comandancia General del FMLN; de comandante guerrillero a negociador de la paz; de luchador con las armas a político «peleón» por los derechos de su pueblo, Sánchez Cerén (o el legendario comandante Leonel González, nombre de guerra) ha tenido la rara virtud de los revolucionarios auténticos de aprender y aprehender que las formas de batalla por un mismo ideal pueden ser disímiles y han de estar acompañando coherentemente los tiempos.

Ello requiere tener cabal entendimiento de los sueños que movilizan las energías vitales, de la utopía a alcanzar (ese don de la grandeza humana del que Alejo Carpentier habló: la permanente transformación de la realidad, agobiados de penas y tareas, y conscientes de que inexorablemente el futuro de la utopía está más allá del espacio que nos es dado habitar a los mortales). En la base de todo, en palabras suyas: «Un cristianismo comprometido con el cambio social, con la lucha contra la pobreza, está en la base de muchas biografías personales y colectivas en El Salvador. Con el tiempo me hice marxista pero nunca he olvidado lo que me legó el cristianismo liberador que pone en el centro los derechos de las personas, sus anhelos de una vida mejor, la libertad».

Con sueños se escribe la vida es un importante documento para la construcción de la Historia. Nuestras naciones emergieron culturalmente con la memoria oficial dibujada por las metrópolis coloniales, imperiales, y por los grupos de poder internos, más preocupados por mantener sus arcas llenas de metal amarillo, que por el acontecer diario y los destinos del pueblo. La voz de los humildes está llena de silencios en los libros que documentan la Historia tradicional. Sánchez Cerén es consciente, sabe que la construcción de la memoria de «los de abajo» es determinante para la dignidad popular plena. La emancipación —bien lo sabe Cuba— transita necesariamente por los caminos de la liberación del pensamiento... y las mentalidades, lamentablemente, son cárceles de larga duración. La palabra martiana, ilumina como siempre, la idea expresada:

«[...] cuánto trabajo cuesta hallarse a sí mismo! [...] No hay más difícil faena que esta de distinguir [...] lo que viene con el hombre, de lo que le añaden con sus lecciones, legados y ordenanzas, los que antes de él han venido. [...] No bien nace, ya están en pie, junto a su cuna con grandes y fuertes vendas preparadas en las manos, [...] las pasiones de los padres [...]. Y lo atan; y lo enfajan; y el hombre es ya, por toda su vida en la tierra, un caballo embridado. Así es la tierra ahora, una vasta morada de enmascarados. Se viene a la vida como cera, y el azar nos vacía en moldes prehechos. [...] El primer trabajo del hombre es reconquistarse».

Sánchez Cerén emprendió ese camino de búsquedas para desatarse de moldes prehechos, para hallarse a sí mismo en un contexto minado por demasiadas mezquindades, confusiones y enmascaramientos nocivos; un camino que sigue recorriendo, cuya andadura comparte en su libro para convidar la compañía en pos de la reconquista propia. A las puertas de un programa conmemorativo por el bicentenario de las independencias latinoamericanas, los «gigantes que tienen zapatos de siete leguas» se aprestan a fortalecer los discursos potenciadores del statu quo tradicional.

Con sueños se escribe la vida es una estocada a fondo, desestabilizadora de los metarrelatos imperiales. Salvador, Chambita, Luis, Carlos, Antonio, Leonel, nombres y sobrenombres, frutos de una vida accidentada y del travestismo a que obliga la obra de un revolucionario, son a la vez, nombres eminentemente populares, son todos, voces desde las que la identidad autoral se multiplica en este texto y potencia la voz de la intrahistoria, el metarrelato legítimo de los desposeídos de siempre.

Querido vicepresidente, ministro de Educación, comandante salvadoreño, ha llegado a buen puerto. Esta Casa de Altos Estudios, cuya misión sigue los derroteros del pensamiento de los hombres enaltecedores de la independencia cubana del siglo XIX al XXI, empeñada en la descolonización mental, le da la bienvenida y celebra este libro, desde ya, objeto de lectura y estudio.

Pensé terminar agradeciéndole su cariño generoso y la solidaridad que profesa por nuestro pueblo y su Revolución, pero ello sería dejarle el espacio del otro, del extranjero amigo. Opto, entonces, por decirle: «Chamba, hermano, la América de hoy nos revela que estamos ganando. Sigamos adelante».

Muchas gracias.

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